martes, 25 de noviembre de 2014

Mi Camino de Santiago III

El presente diario recoge las impresiones de mi Camino de Santiago realizado del 4 al 7 de septiembre de 2014 entre las localidades de Saint Jean Pied de Port y Estella.

 

Jueves 4/09/2014 Zubiri.


Escribo desde el albergue de Zubiri, después de una deliciosa etapa. Es la segunda jornada del Camino que en esta ocasión hago con mi hija Maite

Salimos de Madrid en coche el día 2, llegamos a Pamplona al mediodía y dejamos aparcado el coche. Tomamos un bus a Saint Jean Pied de Port donde llegamos a las cuatro.

St Jean es antiguo, bello y lleno de turistas y peregrinos. Tras dar una vuelta por el pequeño pueblo medieval paramos en el arco de entrada de una de las puertas donde un par de hippies llamaron nuestra a atención. Eran dos españoles, pero iban por separado. Uno de ellos, Pablo, tocaba la guitarra y cantaba. Era un andaluz muy simpático que vivía de ocupa en el pueblo con una chavala “ahijada” y el padre de esta, un borrachín, ambos franceses. Pablo nos invitó a cantar, nos integramos y pasamos un rato muy divertido. Maite cantó California Dreams  con mucho gusto y fue muy aplaudida. Se unieron unos brasileños y montamos una buena juerga.



Interrumpimos la fiesta para regresar al albergue y cenar. El hospitalero, Joselu, de Vera de Bidasoa, montó un role playing un poco místico pero interesante. Así aprendimos que los huéspedes eran bastante mayores y de diversas nacionalidades. Bastantes americanos, también holandesas, americanos y canadienses. De los 20 huéspedes, solo 3 éramos españoles. Con el paso de los días, concluí que el perfil tipo de estas jornadas era una mujer americana jubilada.

El día siguiente, 3 de septiembre, lo empleamos en cubrir la durísima etapa Saint Jean Pied de Port – Roncesvalles. Nueve horas de caminata, 1.200 metros de desnivel y 27 kilómetros.

Un prolongado puerto, propio del Tour de France, iba formando un rosario de peregrinos de avanzada edad que con dificultad superaba la subida. El día, completamente soleado, transcurría y los kilómetros caían. Mi gran preocupación antes de empezar era la resistencia de Maite. Ante mi sorpresa, apretó el acelerador y adelantamos a un sinfín de peregrinos a un ritmo infernal. La etapa acaba con una pronunciada bajada a Roncesvalles.






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