martes, 17 de marzo de 2015

Cata a ciegas

Vivimos en un mundo de expertos. Todos lo somos. Nuestros conocimientos superan a los del resto en cualquier tema. Emitimos comentarios sobre leyes con el aplomo de un juez. Nuestros diagnósticos y tratamientos son más certeros que los de un médico. Sabemos de periodismo, política o informática más incluso que los profesionales del ramo. Por no hablar de deportes; cada uno de los millones de ciudadanos del país es un seleccionador nacional en potencia.

Naturalmente sabemos de bebida y comida como nadie. Cualquiera tiene una opinión autorizada sobre el vino. O el jamón, o las lentejas o el gin tonic. O sobre los productos naturales y los industriales. También sabemos de música. El que sabe de Bach es un experto y el que no lo conoce lo considera basura anticuada. Podemos distinguir entre un vinilo, un cd o un mp3. Entre el sonido de un equipo de música y otro o el de cualquiera de los reproductores portátiles o teléfonos inteligentes. A los hombres nos gustan las mujeres y entendemos de ellas. Aunque más claro aún es el caso de las mujeres. Ellas entienden de hombres, por supuesto, pero también de mujeres. Sin problema rebatirán a un hombre en este tema: a ti te gustará más esta que aquella porque no entiendes lo bastante de mujeres, pero aquella es mucho más guapa que esta.

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